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Transcurrido el Jueves Santo, Lebrija se prepara para su noche más silenciosa, la madrugá. La hermandad de los Dolores, más conocida como de los negrillos empieza a poner sus pasos en la calle a las tres de la mañana, recogiéndose a las nueve, tras seis horas de estación de penitencia.
En los dos últimos años, la madrugá ha sido bastante fría. Yo debido al cansancio del día anterior, en esta ocasión no he podido acudir a esta cita cofradiera que debería ser imprescindible para llegar a comprender totalmente la pasión de Cristo en Lebrija.

Por la mañana, Lebrija deja el sermón nocturno para emprender la marcha hacia el barrio nuevo, donde Jesús yace en la cruz mientras su madre se consuela por la muerte de su amado hijo. La hermandad de la Vera Cruz tiene un punto muy bonito en su recorrido cuando se adentra por los interiores de la Plaza Manuela Murube, donde los ancianos del Asilo de San Andrés se asoman a sus ventanas o bajan hasta la entrada del lugar a postrar sus miradas en las imágenes de la hermandad mañanera de nuestro pueblo.

En torno a las dos y media de la tarde se encuentra la hermandad en su barrio, llegando hasta la Cruz del barrio nuevo, donde dará una vuelta de ciento ochenta grados para regresar a la capilla.

Cristo de la Vera Cruz en el Barrio Nuevo
En el camino de vuelta de la calle Tetuán, el Cristo de la Vera Cruz vera a su madre aproximarse lentamente hacia él. Lástima que no lo pueda ver, pues sus ojos permanecen cerrados tras su muerte.

Cuando la Virgen de Consolación llegue a la altura de su hijo con sones musicales, habrá reconocido penosamente la defunción del hijo de Dios. Solo le quedará consolarse y mantener la esperanza de una próxima resurrección.

Ya en la entrada del Cristo en su capilla suenan sones sevillanos de la banda de tambores y cornetas de Cristo de la Sangre para despedir al señor de su pueblo.

entrada del Cristo de la Vera Cruz
Su madre le acontece a pocos metros, su llegada es inminente al ritmo de la marcha Reina de Triana interpretada por la banda de música Virgen del Castillo.

entrada de la Virgen de Consolación
Bajo el arco de la capilla se despide la Virgen consolada por el pueblo lebrijano hasta el próximo año, donde de nuevo llorará mañaneramente tras su hijo en la Vera Cruz.

Recogida de la Virgen de Consolación
Una vez muerto, en Lebrija los procesos se aceleran, al menos en estos últimos años, y el señor es trasladado en una urna en la procesión del Santo Entierro. Acompañado de los hermanos de su cofradía y de los nazarenos de las demás hermandades lebrijanas, el santo sepulcro pasará por delante de la Virgen de la Soledad, la cual le seguirá detrás hasta el Patio de los Naranjos.

Allí, se llevara a cabo un velatorio en el centro del patio mientras que una esquina se situara la Soledad. Durante las dos horas, los llantos silenciosos de los que velan se conjugaran con el canto de la coral polifónica, creando un majestuoso ambiente funesto.

velatorio del Santo Sepulcro en el Patio de los Naranjos
Sin duda, el velatorio de la hermandad del santo sepulcro constituye un acto que podía ser considerado como de interés cultural al menos de la provincia. Ya que constituye una original forma de rendir pleitesía y respeto hacia la muerte de nuestro señor, Jesús.

En torno a las once y media, la soledad comienza a recorrer las calles oscuras lebrijanas, apagadas para la ocasión. Los nazarenos con túnicas que nos evocan a monjes de la orden capuchina, anteceden al paso de la hermandad ejerciendo cada uno su papel.

Soledad en la capilla de la Aurora
Detrás, los hermanos vestidos de negro, dan un realce especial al paso de la cofradía, mientras que los que presencian el discurrir de la cofradía, enmudecen y silencian el ambiente mucho antes de que llegue la Virgen de la Soledad.


Soledad por Benito Vela Cite este artículo en su sitio
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