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Articulo de Felix Machuca A ver si escampa y nos echamos a la calle a celebrarlo. A ver si deja de llover y podemos citarnos con las banderas de España y Andalucía, nuestras dos sangres, en la las plazas y avenidas más abiertas de la comunidad para felicitarnos. Ese estatuto, oé... Qué alegría más grande. Desde el pasado martes somos ciudadanos de segunda. Felicidades, señora, porque de aquí a unos años habrá una diferencia insalvable entre la Seguridad Social andaluza y la catalana. A favor, obviamente, de la catalana. Felicidades, caballero, porque dentro de unos años, verá usted lo que tarda Andalucía en prolongar el AVE de Málaga hasta Granada y en Cataluña podrán ir al campo de fútbol del Nastic de Tarragona en alta velocidad. Felicidades, chaval, porque los colegios públicos catalanes tendrán, de verdad de la buena, instalaciones de primer nivel, con dotaciones tecnológicas que aquí tendremos que ver por los informativos de Canal Sur. ¿Seguimos? A la calle. A la calle cuando escampe. A la calle a desalambrar los tópicos y las mentiras que han propagado los voceros del pesimismo y los rencorosos indomables. A la calle porque hay una fiesta política que celebrar. Hemos bajado a segunda división y eso, en una sociedad como la nuestra, tan ajena a lo que se juega a diario, se puede hasta celebrar. Con tal que unos cuantos voceros, periodistas de ración, divulgue que este Estatuto es bueno para los andaluces, los andaluces se lo creen. ¿No se han creído lo de la primera y segunda modernización? Entonces ¿por qué no se van a creer que este Estatuto es una excelencia y que nos hace iguales a los nacionalistas galácticos? Así que, no desentone, sea feliz y créase lo que le dicen los que viven felices a la sombra del poder. Y salgamos a la calle con las banderas que nos digan, la pancarta que nos escriban y las consignas que nos preparen. A la calle. A la calle a celebrar que hemos bajado a segunda división y que, a Dios gracias, catalanes, vascos y gallegos son ya ciudadanos de primera en un país de zidanes y pavones. Los pavones, de pavo, pavito pavo, somos los andaluces. Y los zidanes ellos, que siempre acaban dándonos el cabezazo en el pecho. Teníamos un Estatuto del carajo y nos hemos dejado encajar uno cortito con sifón por los huevos de pascua de Maragall. Vaya cabezazo, don Manuel... Lo más cojonudo del caso es que nadie nos dio nada. Que el anterior Estatuto, ese que nos ha permitido crecer hasta donde somos y estamos, aquella norma que nos hacía iguales frente a los que estaban loquitos por mandarnos a segunda, ese Estatuto enterrado el martes lo ganamos los andaluces a _base_ de lucha electoral. No nos lo dio la historia. Últimamente la historia parece que solo se acuerda de los de siempre. De los amigos del club de Prat de la Riba y de los del club de fans del RH negativo. La Historia parece desvanecerse al cruzar Despeñaperros. Y aquí es como si solo tuviéramos leyendas, chistes y cuentos. Bueno, pues a propósito de cuentos, la igualdad de los andaluces frente a los autoconsiderados galácticos no nos la concedió la Historia. La ganamos los andaluces en sendos referéndum. Voto a voto, corazón a corazón, de urna en urna. Veinticinco años nos ha durado ser iguales que los que se consideran distintos y diferentes. Tal vez por eso, el mismo martes noche, circulaba por los móviles el siguiente sms: «Ya estamos en Segunda división. PP y PSOE han hecho bien su trabajo. Gracias a ellos los ricos lo serán más y los pobres más andaluces aún. Vota no. Pásalo». De eso se trataba. De no convertir a España en una liga de las estrellas y en otra de los estrellados. Vote lo que quiera. Pero pregúntese esto alguna vez: Si el PSOE andaluz dice que este Estatuto es del mismo nivel que el catalán y el PP votó no al Estatuto catalán ¿quién está mintiendo? Pues eso. A segunda y a la calle a celebrarlo
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