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Fuente: www.ideal.es
Nadie como Inés Bacán (prima de El Lebrijano) y su paisano Manuel de Paula podían establecer un homenaje más cercano a Juan Peña Fernández 'Lebrijano'. La primera por sus lazos de consanguinidad y por haber bebido en las mismas fuentes flamencas. El segundo por las mismas premisas y por su afán de reivindicar una de las zonas más prestigiosas de este arte, además de mantener similares inquietudes a las del homenajeado en cuanto a progresión artística y realce de un flamenco pleno de carisma ancestral y evolución cantaora. Y ambos ejercitaron su labor en la Peña Flamenca de Jaén con motivo del reconocimiento que a su primo le ha rendido la XXIII Semana de Estudios Flamencos.

Inés constató en todo momento el arte familiar y esencial de la comarca de Utrera y Lebrija. Es decir, cantó como si hubiera estado en una reunión festiva de su clan flamenco. Sin aditamentos, falto de adornos para la galería y pleno de evocaciones ancestrales. Entremezcló la sencillez y la prestancia por tientos con resonancias gaditanas, y ese peculiar compás-ritmo -que a veces puede parecer monótono-, que realza a su casta cantaora. En los fandangos a compás de soleá por bulerías, las evocaciones de Pepe Palanca y su peculiar paladar, acrecentaron una forma de hacer flamenco añejo y familiar.
Marca de la casta
Tenía que mostrar la marca de la casta y lo hizo por bulerías y por soleá -lo que ellos denominan bulerías para escuchar- con un prestante ritmo y evidenciando influencias de El Chozas -nacido en Lebrija y no en Jerez- y evocaciones de Juaniquí. Y como todo gitano de la zona que se precia, su cante por siguiriyas establece una de sus principales premisas flamencas, y más cuando se aborda el personalismo de Tío Manuel Cagancho con resonancias de Juan Talega o se continúa con los ecos del jerezano Tío Manuel de Paula. Finalizó por bulerías mintiendo aún más la singularidad familiar y su amor por el romance.
Al día siguiente, viernes, Manuel Martín Martín -crítico flamenco donde los haya- vino a Jaén para constatar la riqueza flamenca que 'El Lebrijano' ha ido dejando en sus últimas obras -las que muchos consideran que no son tan ortodoxas, como las de 'Casablanca', 'Lágrimas de cera', 'Sueños en el aire', 'Puertas abiertas', 'Encuentros' y 'Tierra'. Fue pormenorizando cada uno de los contenidos de dichos trabajos y dejando constancia del tratamiento ortodoxo que Juan ha establecido en cada una de ellas, aparte de la progresión o evolución flamenca que el de Lebrija ha querido marcar.
Después, Manuel de Paula con la sonora guitarra de Paco Cortés -qué compendio de personalidad y versatilidad en las falsetas y los silencios-, andó un elaborado camino por soleá, con evocaciones 'La Chacha Paca', Rosalía de Triana, Juaniquí de Lebrija, Joaquín el de la Paula o Paquirri. Otro tanto quiso efectuar por cantiñas-alegrías con matices por romeras, mas con cierto entrecortamiento en la estructura del cante. Pero al igual que Inés, él debía de constatar la premisa siguiriyera y lo consiguió con entrega, pellizco y enjundia por Manuel Torre, Tío José de Paula, Diego el Marruro, Diego el Lebrijano y Perico Frascola. Remató por bulerías reivindicando la zona y nuevamente el realce del romance flamenco. |