|
martes, 08 de abril de 2008 |
Hija de la memoria
Kim Edwards
El invierno de 1964, una repentina tormenta cubre de nieve el área de Lexington, Kentucky. Las carreteras son peligrosas, pero el doctor David Henry está decidido a conducir al hospital a su mujer, Norah, para que pueda dar a luz a su primer hijo. Pronto se hace evidente que las carreteras son demasiado traicioneras y decide pararse en su propia consulta médica. Aquí, con la ayuda de su enfermera, Caroline, puede asistir al parto de su hijo, Paul. Pero, de manera inesperada, Norah pare una segunda criatura, una niña, Phoebe, en quien David reconoce inmediatamente el síndrome de Down. David decide ahorrar a su mujer lo que entiende como una vida de padecimientos. Entrega la niña a Caroline junto con la dirección de la casa donde quiere que la deje, sin imaginar ni anticipar de qué manera su acción servirá para destruir todo aquello que pretende proteger. Entonces se gira hacia Norah y le dice: "La pequeña ha muerto en el momento de nacer".
Pero tal como muestra de forma elocuente La hija de la memoria, la vida es una imagen en movimiento, que se desarrolla y cambia fuera de nuestro control. A pesar de que deseamos congelar un momento, volver al pasado o alterar los acontecimientos, el tiempo nos empuja hacia delante. Con esta novela conmovedora pero llena de esperanza, Kim Edwards explora los misterios del dolor, el amor y el poder de la verdad, tanto para desestabilizar como para curar.
Kim Edwards dio el salto a la fama con una colección de pequeños relatos, llamado Los Secretos del Rey del Fuego, con los que obtuvo el reconocimiento unánime de la crítica y consiguió prestigiosos premios literarios en los Estados Unidos, como el Nelson Algren Award y el Whiting Award. En la actualidad, la autora se dedica –además de a sus libros- a enseñar escritura en la Universidad de Kentucky.
Al mercado de habla hispana ha llegado hace relativamente poco su último libro: Hija de la Memoria. Es un relato conmovedor, profundamente intimista, que transcurre con un halo de tristeza rodeando cada palabra y lograr hacer que el lector descienda, con ellas, a lo más profundo de los recovecos psicológicos de cada uno de sus personajes. Cómo los actos, que muchas veces no controlamos, marcan nuestra personalidad, dejan su impronta en nuestra forma de ser, en nuestras relaciones con los demás, en nuestro destino, todo ello aderezado con un estilo de formidable belleza configuran los temas del libro. |