|
Propongo ir a modo de zoom, por llevar un pequeño orden, para observar el terreno en que nos movemos e irnos encontrando conceptos tan diversos como presentes en nuestras vidas, directa o indirectamente, es por esto por lo que hago referencia a algunos de los términos que forman parte de nuestro “andar por la calle”. La finalidad es ver si encajamos en estos esquemas o ver que habría que cambiar.
En una primera aproximación o primer enfoque nos encontramos con “el mundo”:
Sin ser excesivamente pesimistas podemos ver una situación de crisis a muchos niveles: a nivel cultural, étnico, lingüístico, religioso, político, estético e incluso moral. Nos olvidamos de la economía, eso es otra historia.
No es de mi agrado el lamento ni mucho menos la indiferencia ante situaciones adversas, más bien lo es el tomar parte en un ánimo colectivo hacia la recuperación de un concepto fuerte de humanidad. Esto nos puede situar en una perspectiva de comprensión de lo que nos rodea, acorde con la situación que configura la escena de nuestra época.
Desde esta postura será más recomendable tomar parte en cualquier proyecto a favor de alguna mejora.
La Globalización parece ser uno de los fenómenos más representativos del panorama mundial, a nivel cultural me parece importante el nuevo mestizaje, por el grado de enriquecimiento que supone, siempre dando por sentado la labor de reestructuración de nuestras fronteras psicológicas, las raíces del miedo y la violencia.
Al parecer son el miedo y la violencia principios de malestar a muchos niveles, y a partir de aquí ya podremos ser partícipes de forma más sensata del proyecto global. En definitiva, se persigue el bienestar y disfrute más pleno de nuestras propias vidas. Debemos cambiar el miedo por respeto y por supuesto, eliminar la violencia sin reparos, violentamente.
Necesitamos modelos de interpretación de las nuevas situaciones de globalización y otras complejidades crecientes de nuestro tiempo para que nos acerquen a nuevas formas de tolerancia y libertad, que es lo que más falta hace para sentirnos bien, felices.
Una de las muchas evidencias que nos manifiesta el panorama global es que la avaricia ayuda a que las diferencias entre ricos y pobres sea cada vez más creciente. Por tanto, vamos a necesitar un nuevo debate abordado desde su dimensión social donde la comunicación sea la protagonista, al menos si queremos aportar algo positivo. La comunicación es nuestra arma más poderosa, para compartir…
El mundo virtual, la era digital, este es el panorama. La información ha cambiado nuestras estructuras de pensamiento.
Somos seres informados, en vez de ser seres que viven lo que sucede; todo va demasiado deprisa para que tomemos parte activa, somos los jóvenes quienes debemos hablar, ser partícipes de nuestra propia vida porque es eso realmente lo que queremos.
Puede que los principios del racionalismo hayan fracasado en detrimento de un pensamiento más abierto y pluridisciplinar, esto puede suponer una evolución, no solo en lo referente a la vida social, pero a veces no somos capaces de entendernos ni a nosotros mismos, entonces no tiene mucho sentido esa apertura absolutamente a todo lo que nos rodea. Para qué queremos tanto si no podemos ni siquiera ver una parte de lo que realmente nos interesa en realidad, si quizás no sepamos lo que realmente nos interesa.
Todo está condicionado, y a veces no entra dentro de la lógica del sentido común, será conveniente que estemos preparados para navegar por todo lo que nos rodea, sin miedo a perdernos.
Nuestra cultura de hoy no contempla el ambiente ni el significado de los objetos, nos movemos en unas estructuras globales que nos imponen no solo la marca de lo que bebemos en “nuestro” tiempo de ocio sino que “deciden” directa, indirectamente o como sea, el número de personas que han de morir de hambre cada día.
Todos miramos hacia adelante y a nadie le interesa lo que no nos es “rentable”, nuestros valores han cambiado y siguen cambiando no se sabe bien hacia donde.
Los nuevos nómadas, necesitarán, supongo, estar frente a su ordenador, un objeto que funcione en diversos ambientes o contextos, pero ¿cuál va a ser la postura ideal de disfrute para los nómadas de la era digital? Me conformo con disfrutar de una útil aproximación y por supuesto compartirla con todo el que quiera.
Estaremos frente a un mundo cada vez más pequeño en sentido global, entonces todo apunta a que nos comunicaremos con mayor facilidad, por tanto, muchas cosas serán más fáciles; podremos compartir más y mejor, multitud de ideas, sensaciones, sentimientos, formas de vida, objetos, etc. Visto de este modo, la situación no parece ser tan negativa, quizás se trate de contribuir un poco a su construcción.
Una segunda visión más cerca nos sitúa en la “Sociedad”:
Nos encontramos con un panorama de industria, marketing, publicidad, consumo masivo, etc. y nos olvidamos un poco del sentido ético de lo que nos rodea, parece que nos preocupamos cada vez menos de cómo se sitúan los objetos en nuestra sociedad, sin tener en cuenta a las personas, hay pocos lugares para un sueño, una visión poética o afectiva, un sentido más intenso de los proyectos, de nuestras vidas.
Es tarea de todos acomodar las necesidades de la nueva sociedad, o dicho de otro modo: acomodar las nuevas necesidades a la sociedad, e incluso crear dichas necesidades si va en beneficio de todos.
Expongo una reflexión que hice hace algún tiempo, dirigiéndome a Paco Jarauta, uno de nuestros filósofos en activo, de acuerdo conmigo en este tema.
“Los filósofos siempre se han preocupado de mostrarnos cuales son los valores y los principios que rigen nuestras normas de convivencia, incluso las han establecido; en un segundo nivel esos principios les han servido a los educadores para conducirnos por los caminos del conocimiento, y de este modo ofrecernos herramientas para poder desarrollarnos como personas maduras”.
Se ha hablado de “mayoría de edad intelectual”, de “sentido común” que acompaña a esa madurez y que posibilita la adaptación a todo tipo de situaciones humanas. ¿Qué está fallando? La comodidad y el dinero nos aleja de los valores más importantes. Hablar de amor produce sonrisas burlonas; hablar de pureza, libertad, igualdad, austeridad o verdad desentona en la dinámica a que nuestra sociedad nos tiene acomodados, acomodados casi forzados, porque no hacemos nada para mejorar.
Nuestra meta es más simple de lo que parece, no hay que prestar tanta atención a los “valores de moda” hay cosas que nunca van a cambiar, que no pueden perder valía porque son puras y buenas en sí, solo hay que aprovecharlas y no dejarlas escapar, hay que prestarle atención.
En definitiva, se trata de vivir en plenitud, no de ser simples mediadores de algo que no conocemos lo suficiente y que a veces ni siquiera nos interesa. El fondo de la cuestión es que los problemas actuales tienen su razón de ser el una falta de comunicación a muchos niveles, a partir de aquí se vertebran la mayoría de los problemas que nos rodean.
Las malas interpretaciones se alimentan de las imprecisiones y de la inseguridad, y así es como mostramos nuestras debilidades, aprovechadas por otros para sustentar emociones que se alejan de la buena voluntad.
En la era digital, de la información, se habla de sociedad industrial degradada, la degradación se puede evaluar desde muchos y diferentes ángulos, aunque no hay que ser tan pesimistas, se trata de plantearnos la situación desde una postura más coherente.
Debemos aprender a adentrarnos y ser cómplices de nuestra propia vida, no a conformarnos con lo meramente superficial.
Donde quiera que estén los límites de la “comunicación electrónica” hemos de definirlos, para de ese modo poder evitar hacer más usos negativos de ella. Si yo escribo en negativo sería un ejemplo, no se me ocurre escribir de temas morbosos o destructivos, cada uno tiene su estilo, en vez de Homo Ludens sería “el hombre que sufre” o algo así. Cuando me preguntan si me gusta el cine de terror suelo contestar que para eso salgo a la calle y abro bien los ojos, que prefiero reirme y disfrutar de otros contenidos. Como dice Cándida Villar “no me gustan las películas gramáticas”.
Nuestros valores, los límites de lo lícito, la violación de las leyes naturales, de todo esto debemos ser conscientes, y no cruzarnos de brazos, ¡hay que hacer algo!.
Se necesita una transformación en nuestra manera de reaccionar en el campo de lo perceptivo y en el de pensamiento, ante la invasión de los nuevos “medios”, no hay que dejarse llevar por las apariencias.
Son nuestras conciencias lo que debemos cambiar, y también el control de nosotros mismos, nuestro egoísmo.
El mundo juvenil, un tercer enfoque, se mueve en torno a un conjunto de necesidades inducidas que creamos para montarnos nuestros mundos paralelos.
Existen grupos, clanes , comunidades, tribus y demás organizaciones gregarias que componen el panorama global. Las formas de expresión son menos individuales, nos comunicamos con la música, el cine, el nuevo arte, la nueva literatura, siempre dentro de unos parámetros más o menos definidos y si no lo están nos encargamos de hacerlo, como ocurre aquí en un Blog.
Por ejemplo, si empieza a nacer una “corriente” o estilo musical que en la linea del mestizaje de la globalización reúna músicas orientales tradicionales con la música actual de la calle, lo llamamos underground y todo resulta más fácil.
Esto es muy positivo, es importante definir todo lo que nos rodea, tener nuestra estructura de archivo para poder comprender mejor por donde nos movemos, pero lejos de esto hay que evitar la pérdida de autonomía del individuo, hay que desarrollar la personalidad.
Nuestra cultura no es autónoma sino que articula en fórmulas, por ejemplo: diseño = modernidad. En una sociedad postindustrial con una alta repercusión directa con los sistemas de producción, de velocidad y configuraciones cambiantes es muy fácil que perdamos o deformemos nuestra identidad sin motivo aparente.
Las modas no varían cada 25 años como comentaba el gran Ortega y Gasset, ni siquiera de cada 5 años, ahora todo se diluye y se vive casi al unísono, pasan algunos meses y los cambios son muchos y notables.
Se habla de cultura de la postidentidad, de culturas nómadas y disoluciones de identidad o crisis de identidad, más conocido como “ansiety”. La ansiedad por no se sabe qué. “Juventud robusta y engañada”…decía ,si no me equivoco, el señor Quevedo. Qué poca gente queda que vaya hablando claro…
Los sistemas de vida son precarios e intercambiables, no hay una defensa de identidades a ultranza, puede ser que nos conformemos con poco, ¿para qué luchar? Si hay que vestir así, pues vale, no hay que preocuparse mucho de los porqués, hay que vivir más el momento. Esto es lo que parecen pensar algunas tribus urbanas, por mencionar una posibilidad, y por supuesto tienen mucha razón en ciertos aspectos. Hay que respetar, cambiar el miedo por el respeto, uno de mis grandes objetivos que quiero compartir con vosotros.
El mito es cambiante en cada generación, se fetichiza o ritualiza si hace falta, todo a cambio de un bienestar no muy definido que hace que nos tranquilicemos y vivamos a nuestro modo sin grandes preocupaciones. Si no tenemos nada en que creer, lo buscamos o nos lo inventamos. Nos ayudamos de los fetiches para contentarnos en algún aspecto de nuestras vidas que no tenemos demasiado definido o interpretado, es lo que nos provocan esa “ansiedades”.
Si hay que situarse en este panorama, nos vamos encaminando hacia un ser multicontextual y muy adaptable, tanto como queramos, el significado ha de ser completo más que preciso, pero con identidad.
La cuarta aproximación se centra en el Individuo:
Cambiamos de camisa, a camisa más bonita. Necesitamos ese cambio y otros más. Los objetos ganan en contenido, el uso busca el afecto, una de las cosas que falta al usuario. La articulación de nuestra sociedad nos lleva a elementos varios, fetiches. Pienso que está justificado llevar algo de “marca” solo por la tranquilidad que le pueda provocar al que lo lleva, muestra, o enseña, o comparte. Todo por el bienestar del individuo, vale ya de críticas absurdas y estúpidas además de vacías, el que quiera llevar una camisa de tal o unos zapatos de cual que lo disfrute. El valor de las cosas no las pone el precio, cada uno le da a lo suyo su propio valor, y a quien no le guste que aprenda a disfrutar…
El consumismo nos lleva a una relación no funcional de las cosas, a la “cultura del desgaste”, esta ironía es fruto del efecto popular de la cultura. Se le da más importancia a lo externo, a las apariencias. No me parece mal , todos vivimos integrados en muchas ironías y nadie va llorando por la calle, que no te amarguen la vida, ponle azúcar.
Nosotros entramos a participar, a formar parte de un proyecto político, ético, ideológico y circular en torno a un sistema de valores concretos.
Existe un exceso de difusión y libertad, parece que no hay nada nuevo, se supedita a una memoria breve, en contra de lo lineal, lo vanguardista. Solo se trata de integrarse y ser uno mismo, si quieres ser efímero o ser sólido y sensato pues cada uno será como pueda, menos criticas y más preocuparse por cada uno, somos lo que somos.
Las recomendaciones para mantener o establecer nuestra individualidad apuntan al autoanálisis, sencillamente tener buen gusto para poder disfrutar de modo más pleno. Tener buen gusto, camino para conseguir lo bueno, lo estable, la esencia, todo esto acompañado de un impulso de sed y curiosidad por lo que nos rodea.
Somos, además de los aspectos de la vida sensorial, tradición, antigüedad y un conjunto de emociones extrañas. El grado de importancia de nuestro contenido, de nuestra razón de ser, lo definimos nosotros mismos, y no cabe duda de que la amplitud que puede ocupar nuestros contenidos es muy importante para nosotros mismos y para quienes nos rodean.
Ante el exceso de información es muy necesario poseer filtros, esto solo se consigue con dos factores: tiempo y espacio . También hay que saber estar en el momento que se vive, saber adaptarse.
Algo queda muy claro sobre nuestra forma de vida: Debemos afrontar las necesidades de una gran mayoría sin distinción de edad, sexo, capacidad, origen o cultura. Hemos de ser democráticos, compartir con todos, también hay que aprovechar la capacidad y el poder de hacer para convertir en factor decisivo el ámbito económico y social sin perjudicar los valores más importantes.
Una persona de hoy en día, además de que pueda o no, tener sentimientos racistas, xenófobos, morbosos, violentos, de envidia, de superioridad, etc. Necesita autoestima, compañía, cariño, calidez, libertad, seguridad, confianza, “confort psicológico”, luz y color, amor, aire limpio, comprensión, control, y mucho más.
Se trata de estar en consonancia con lo que nos rodea siempre pretendiendo que sea de forma positiva.
Otro tipo de aspectos son inevitables, pero hay riesgos que debemos correr y confiar en el buen comportamiento y otras virtudes “humanas”.
Queridos disfrutantes, el Homo ludens os manda un kilo de energía y buen rollito para afrontar eso de lo que todo el mundo habla estos días.
Cite este artículo en su sitio
Solo los usuarios registrados pueden agregar sus comentarios. Por favor, vaya a login, o regístrese. |